MONTEVIDEO

En: textos Por: comandantedulce

29 Sep 2008

Nuestra estadía en Montevideo sería la última parada prolongada del recorrido de este Proyecto Brasilia. Teníamos allí cuatro noches, tres días y monedas, arquitectos amigos para visitar, y muchas obras y lugares por recorrer. Había que aprovechar el tiempo al máximo para intentar realizar todo lo que habíamos planeado hacer en Montevideo, y también porque empezábamos a sentir que esta historia llegaba a su fin y no queríamos entonces desperdiciar ni un solo minuto del tiempo que quedaba.

Arrancamos el sábado temprano, desayuno mediante, visitando la S.A.U. (Sociedad de Arquitectos del Uruguay) donde nos esperaba el arquitecto Marcelo Vergara, quien está a cargo de la Comisión de Patrimonio. Si alguien de los que está leyendo esto debe visitar Montevideo por algún motivo, Proyecto Brasilia le recomienda que ni bien llegue se ponga en contacto con Marcelo y así su estadía en la ciudad será infinitamente más fácil y más placentera. Lo primero que hizo Marcelo fue presentarnos ante la cúpula de “Arquitectos de la Comunidad” del Uruguay que se encontraban reunidos en ese momento en la sede de la S.A.U.. “Arquitectos de la Comunidad” es un programa de la S.A.U. que busca facilitar el acceso de la población al asesoramiento de un arquitecto, y al mismo tiempo de difundir las tareas que un arquitecto puede realizar. Para ello, el programa instaló una serie de “Consultorios de Arquitectura” por todo el país, e instauró en ellos un mecanismo de trabajo a través de “consultas”, una metodología diferente a la manera convencional de trabajar de un arquitecto. Una experiencia muy interesante, basada en algunas otras realizadas por ejemplo en Cuba o en algunas provincias del noreste argentino, pero adaptada al medio y al contexto Uruguayo, que en este caso apunta a abordar las necesidades arquitectónicas, edilicias y habitacionales de las clases medias y medias bajas del Uruguay, que en general difícilmente acuden a los servicios de un arquitecto. El encuentro fue breve, pero valió la pena conocer esta experiencia y traernos material a cerca de sus actividades y su forma de trabajo. Ojala sigamos en contacto con ellos y logremos acercarnos más a través de un intercambio.

Para la tarde, Marcelo ya nos había programado otra actividad: una recorrida arquitectónica por la ciudad de Montevideo guiada por el arquitecto, revisionista histórico, y experto en patrimonio montevideano Helios Segovia. Recorrimos la ciudad a bordo de nuestra Combi junto con don Segovia, quien resultó ser un personaje por demás de pintoresco e interesante. Conocía cada rincón de Montevideo, y a la vez conocía la historia de cada uno de ellos… Don Segovia ama a su Montevideo, y como ocurre en todas las relaciones sostenidas por el amor, tanto la disfruta como a la vez la sufre, al mismo tiempo la endiosa y la cuestiona en cada detalle, la vive y la sueña. Si no hubiera sido por don Segovia, no hubiéramos podido conocer algunos secretos misteriosos que esconde la ciudad de Montevideo y maravillarnos con ellos, pero prometimos no develarlos, por lo que no podemos contárselos hoy a ustedes… van a tener que ir para allá, encontrarlo primero a Helios y después ver si él quiere develarlos también para ustedes. Con esa recorrida pasamos casi todo el día hasta que el sol se fue, el frío llegó, y con él también el hambre. Intercambiamos direcciones de correo con don Segovia, nos firmó el cuaderno de viaje, le agradecimos mucho el día que nos había regalado y nos despedimos no sin antes sacar la foto de rigor.

Don Segovia, contándonos cada detalle de Montevideo.

Todavía nos quedaban un par de días en la ciudad de Montevideo. Para el domingo Proyecto Brasilia decretó día libre para sus integrantes, y así cada uno pudo hacer una recorrida acorde a sus ganas, a sus tiempos y a sus inquietudes personales: la ciudad vieja, el puerto, algunos parques, museos, muestras y el centro de la ciudad fueron los destinos elegidos en una jornada gris, lluviosa y bastante fría en Montevideo. Un verdadero domingo en la ciudad, que de alguna manera nos anticipaba y nos mostraba que ya estábamos cerca de casa… un domingo que por momentos nos hizo sentir como en casa. Lejos quedaban ya los conflictos con el idioma, los esfuerzos por entendernos y por entenderlos… lejos quedaban los calores en “agostos” de ojotas y bermudas… Ahora podíamos hablar despreocupados al entrar a un kiosco a comprar cigarrillos, ahora las cervezas volvían a venir en envases de litro, ahora podíamos comprar yerba para nuestros mates, y hasta podíamos enterarnos de cómo habían salido nuestros equipos de fútbol al caminar por la 18 de Julio. Estábamos en Uruguay, estábamos mucho más cerca… en muchos sentidos…

La feria de Tristán Narvaja, un clásico de los domingos de Montevideo.

Extraños grafitis en las paredes de Montevideo.

El día lunes lo habíamos guardado para nuestros últimos encuentros arquitectónicos en Montevideo. Para ello teníamos agendada  una visita al estudio de los hermanos Martín y Marcelo Gualano, dos arquitectos jóvenes de Montevideo de quienes ya nos habían hablado en Rosario antes de arrancar nuestro viaje, y de quienes también nos habían hablado muy bien los amigos paraguayos. En el estudio nos esperaban Martín Gualano y Nacho (uno de sus colaboradores) y como no podía ser de otra manera nos recibieron con mate… otra vez como en casa, en Montevideo, pero como en casa… Ronda de mate de por medio, charlamos distendidos sobre arquitectura, sobre Latinoamérica, sobre como está la profesión en Uruguay, sobre los viajes y los concursos.

Ronda de mate en el estudio de los Gualanos.

 Luego Martín nos mostró una serie de proyectos y obras del estudio a través de imágenes, y una vez más nos encontramos sorprendidos ante una obra tan cercana pero que a la vez desconocíamos, una vez más nos conmovíamos viendo arquitectura potente y sensible, viendo cosas nuevas que se están haciendo por acá nomás, y que a veces no nos enteramos. Nos quedamos con ganas de un poco más, entonces uno de los de Proyecto Brasilia dijo… “Che, Martín, no se podrá visitar alguna de estas obras?”…Minutos después estábamos todos arriba de la Combi camino a una de las casas del estudio, en este caso la de Martín.

Visita de obra: la casa de Martín… verdaramente flota.

Martín debía continuar con sus actividades y compromisos cotidianos, pero Nacho tenía todavía un rato más para nosotros y nos llevó a ver Montevideo, en este caso desde los ojos de un arquitecto joven. Nacho había hecho un intercambio y había estado seis meses estudiando en Rosario, por lo que conocía a nuestros docentes, a nuestros compañeros, y hasta nuestros barrios… las charlas con Nacho fueron muy interesantes, sobre todo para establecer paralelos y encontrar diferencias entre nuestras ciudades y los modos en que se estudia y se produce arquitectura en cada una de ellas. (gracias Nacho por tu tiempo, ya nos vamos a encontrar de nuevo)…

El día se nos iba y con él se nos cerraba el capítulo Montevideo. Quedaba una más: Marcelo Vergara (una vez más Marcelo) nos había invitado a que pasemos a la nochecita por la sede de la S.A.U. Allí nos esperaba junto con María Rosario, María Magdalena, Germán y don Helios (integrantes de la comisión de la S.A.U. y de los Arquitectos de la Comunidad) con un cálido agasajo. Charlamos una vez más sobre nuestro viaje, sobre sus viajes, sobre nuestras ciudades y nuestros países… charlamos sobre unirnos y reunirnos, sobre juntarnos y conocernos, para fortalecer nuestro trabajo… brindamos por todo ello, por nosotros, y por más encuentros… Brindamos con vino tinto, uruguayo… y realmente, después de tantos kilómetros, nos sentimos como en casa…

Proyecto Brasilia en la S.A.U. y el cálido agasajo…

Nos queda por subir una última crónica, la de los momentos vividos en nuestras brevísimas visitas a Colonia del Sacramento y a Buenos Aires, y algo del viaje de regreso a Rosario. Eso será en un par de días, y de eso modo vamos a cerrar esta serie de relatos del viaje. De ahí en más vamos a trabajar en procesar todo el material recolectado (8.000 fotos y más de 20 horas de video) para darle forma y poder volcar todo en una muestra gráfica y en el documental de Proyecto Brasilia. Por lo pronto, podemos ir adelantando algo, muy pero muy poquito… pero al menos es algo, del material que estamos trabajando..

Proyecto Brasila en Uruguay

En: textos Por: comandantedulce

24 Sep 2008

A las cinco de la mañana del viernes 12 de septiembre, Proyecto Brasilia atravesó una frontera más y entró en territorio uruguayo. Nuestra Combi transitaba así las rutas de un nuevo país, el cuarto desde que habíamos arrancado el viaje, y aún no se le escuchaban quejidos… cuanto coraje el de ella, cuanto ímpetu, cuantas ganas… tantas como las nuestras… Ya hacía muchas horas que viajábamos: desde Porto Alegre prácticamente no habíamos parado salvo para cargar combustible y algunos víveres. Nos movíamos por el continente bordeando el océano Atlántico hacia el sur, y a medida que avanzábamos la historia iba cambiando de color: la geografía empezaba a ser otra, el paisaje empezaba a ser otro, y sobre todo la temperatura era otra… viajar toda la noche en Combi por estas latitudes no era lo mismo que hacerlo a la altura de Brasilia o de Río de Janeiro: acá el frío nos avisaba que estábamos en Uruguay, y las paredes de la Combi ofrecían muy poca resistencia. Por suerte para nosotros el sol del Uruguay asomó pronto sobre un cielo azul despejado y así comenzó a entibiarnos un poco. Sumado esto a una ronda interminable de mates fuimos recuperando lentamente la vitalidad de nuestras extremidades que acusaban una noche dura.
Nuestro destino final era la ciudad de Montevideo donde pernoctaríamos, pero previo a eso y de camino hacia allí teníamos previstas una serie de paradas arquitectónicas.
La primera de estas paradas fue Punta Ballena, una pequeña y pintoresca localidad de la costa uruguaya cuya urbanización fue diseñada por el arquitecto catalán Antoni Bonet en la década del 40. Bonet, que era europeo y que había trabajado con Le Corbusier, había llegado a la Argentina y había conformado junto con artistas y arquitectos locales el Grupo Austral, uno de los principales propulsores de la arquitectura moderna por estas tierras. En Punta Ballena, Bonet no solo realizó el plan urbano, sino que también construyó una serie de obras que cualificaron aún más este pequeño balneario y que al día de hoy aún son objeto de estudio. Desgraciadamente el paso del tiempo se hizo notorio en la urbanización de Punta Ballena y también el los edificios de Bonet, algunos de los cuales aparecieron lastimosamente intervenidos… Pero algo encontramos, y algo de allí pudimos llevarnos.

La Rinconada, una de las casas de Bonet en frente al mar

La Rinconada desde atrás.

Vista de La Solana del Mar, en pleno proceso de “desintegración”…

La parada siguiente fue algo más misteriosa: llegamos a la localidad de Soca donde según nuestro mapa de obras nos encontraríamos con otro rastro de Bonet en el Uruguay. En este caso se trataba de una pequeña Iglesia, extraña por cierto, de la que no habíamos podido conseguir demasiada información. Habíamos leído sí una serie de versiones, aparentemente todas conjeturas, que nos despertaban intriga: decían sobre esta iglesia que había sido un encargo privado, que a ese encargo lo realizó una señora llamada Susana Soca, quien sería justamente hija del señor Soca, a quien la localidad le debía el nombre. Según las versiones parece ser que esta señora Soca pertenecía al mundillo de los artistas de vanguardia y a las clases altas, y que a través de esos contactos habría conocido a Bonet. Parece ser también, que la señora habría decidido realizar esta obra para homenajear a “sus ancestros”… y no encontramos mucha más información que esta, pero esto sumado a que era una obra de Bonet y a lo extraño de las fotografías que pudimos ver nos despertó mucha curiosidad y decidimos ir a Soca a buscarla.
Encontramos Soca en el mapa, encontramos la ciudad en la ruta y una vez que entramos en ella encontramos la iglesia. El aspecto y la forma de esta obra sumó desconcierto. Bajamos del vehículo e intentamos entrar, pero a llegar a la puerta la encontramos cerrada con cadenas y candados y nos topamos con un pequeño cartel oxidado que rezaba “propiedad privada – no pasar”. Aplaudimos, llamamos, chiflamos y nadie vino a recibirnos. Obstinados en ver de qué se trataba decidimos atravesar ese primer portón… no duramos mucho adentro y ni siquiera llegamos lo suficientemente cerca para ver su interior ya que de inmediato escuchamos la voz de una mujer que provenía de una construcción extraña ubicada en el fondo del lote que nos decía en modo imperativo que no se podía estar allí y que mucho menos se podían tomar fotografías… Intentamos ver a la mujer, o al menos hablar con ella, pero no lo logramos, nunca salió de donde estaba y nos reiteró que era propiedad privada y que nos retiremos de inmediato o llamaría a la policía. Nos miramos, miramos hacia el lugar desde donde venía esa voz intentando ver algo más pero no hubo caso… decidimos salir del predio antes de complicar nuestra estadía en Uruguay apenas llegados al país. Apenas nos llevamos algunas fotos de la obra tomadas antes de la aparición de la voz de la señora, y algunas dudas más de las que trajimos.

Una iglesia?… vista exterior de la obra misteriosa.

De allí arrancamos rápidamente hacia la última parada antes de llegar a Montevideo donde por fin descansaríamos. Se trataba de Atlántida, otra localidad pequeña donde veríamos también una iglesia, pero en este caso sin tantos misterios. Era la iglesia Cristo Obrero, obra de Eladio Dieste, quien no era arquitecto sino ingeniero, pero que así y todo logró el título honorífico de “Arquitecto de América” en reconocimiento a su magnífica obra. La iglesia era una obra conocida para nosotros desde los libros de estudio de arquitectura latinoamericana, desde fotografías, planos y textos, pero estar allí… recorrerla… tocar las infinitas texturas de ladrillos… bañarse en esos ases de luz solar filtrados con vidrios de colores… experimentar ese formas… fue una de las experiencias arquitectónicas más fuertes del viaje.

La Combi se hace la distraida y se cuela en la foto…

La iglesia se hace la distraida y se cuela en la foto de los pibes…

El interior de la iglesia… increible.

Nos fuimos de Atlántida con los últimos rayos de sol, esos que se vuelven anaranjados. Nos quedaba todavía un rato más de ruta hasta Montevideo, una última ronda de mate rutero, unos últimos temas musicales a todo volumen como para que el ánimo no decaiga a pesar del trajín… y así, casi como sin darnos cuenta llegamos a Montevideo. Entramos por el lado oeste y atravesamos prácticamente toda la ciudad por la costanera. Fue la carta de presentación de Montevideo ante nuestros sentidos, una ciudad de cara al Río. Buscamos el hostel donde pararíamos estos días, descargamos las mochilas, acomodamos algunas cosas y salimos… a pesar del cansancio salimos… eran cerca de las doce de la noche en Montevideo, era entonces ya el cumpleaños del Iván… no había tiempo que perder: pedimos unas cervezas en un bar de la ciudad vieja, cantamos un feliz cumpleaños ante las miradas uruguayas del bar y brindamos por nuestro amigo que entraba así en las tres décadas.

Proyecto Brasilia llega a Rosario

En: textos Por: comandantedulce

17 Sep 2008

El jueves 17 de septiembre, a las 21:00 horas, la Combi de Proyecto Brasilia llega a Rosario, al mismo lugar de donde arracnamos hace alrededor de 40 días: la isla de los inventos en corrientes y el río. Ahí se cierra este primer círculo y terminamos la vuelta… Si se copan, traigan copas… y champagne… (o algo para tomar que vamos a llegar con bastante sed)…

Todavía debemos las historias que vivmos en el Uruguay (aún hoy estamos aquí) y lo que veamos entre hoy y mañana en la ciudad de Buenos Aires. Esas historias serán subidas a la página apenas terminemos con ellas.

En unas horas estaremos por Rosario… nos vemos por ahí…

Ultimos días en Brasil.

En: textos Por: comandantedulce

16 Sep 2008

Proyecto Brasilia ya empezaba a saborear la despedida de Brasil, aunque todavía nos quedaran un par de ciudades para visitar y más de 1200 kilómetros por recorrer. Es que ya habíamos pasado algo más de 25 días en este país, habíamos visitado muchas obras, habíamos andado muchas rutas y habíamos conocido a muchos amigos…. Muy intenso nuestro paso por Brasil, muy diverso, y sobre todo muy constructivo para nosotros y para nuestro Proyecto Brasilia. De todos modos aun nos quedaban dos ciudades importantes por visitar dentro de este país: Curitiba y Porto Alegre. De tiempos estábamos por demás de escasos, había que meterle. De Sao Paulo a Curitiba eran unos 400 kilómetros, y de ahí a Porto Alegre otros 800 más… muchos kilómetros de rutas… muchas horas a velocidad Combi… y en Sao Paulo estábamos tan cómodos… Había que hacer un esfuerzo, armar el equipaje y seguir.
Tuvimos la suerte de conocer en el hostel de Sao Paulo a Teresa y a Marcelo, un pareja curitibense por demás de copada… Marcelo es músico concertista, Teresa bailarina de flamenco (espero que esto se escriba así)… Viven en Curitiba, en una casa pequeña muy linda, con patio y jardín. Viven con Dudu (hijo de Teresa), con dos gatos y con algo así como siete perros… también viven ellos allí con un piano, con un clarinete, con una flauta traversa, con una guitarra y con una marimba entre otros instrumentos… Coincidimos en Sao Paulo un fin de semana porque Marcelo tenía un concierto allí, pero se volvían para Curitiba justo cuando nosotros íbamos para esa ciudad. Teresa y Marcelo nos invitaron a que nos quedemos en su casa durante nuestra estadía en Curitiba, y como nosotros somos nada menos que siete, y encima tenemos vehículo que duerme adentro, y también tenemos mucho equipaje… y como de todos modos insistieron en que vayamos igual, nos pareció que el de ellos era un gesto demasiado noble como para despreciar. Fuimos a Curitiba y paramos en ese hogar.
Salimos tarde de Sao Paulo, nos habíamos demorado unas horas por la visita al estudio de Mendes da Rocha, lo que hizo que lleguemos a Curitiba alrededor de la una de la mañana. La ciudad descansaba ya. Habíamos cargado la dirección de Teresa en nuestro GPS (si… tenemos un GPS en la Combi… lamento decepcionar a algunos) y este nos guió directa y precisamente hasta la puerta de la casa. Para sorpresa nuestra, llegamos hasta el hogar de Teresa y de Marcelo, y al bajarnos y dar vuelta la cabeza nos encontramos con que enfrente estaba nada menos que el Museo Oscar Niemeyer… más no podíamos pedir…


Curitiba es una ciudad que ha trascendido y cobrado notoriedad por sus cualidades urbanísticas: se habla de un sistema de transporte público muy eficiente, de una gran cantidad de espacios verdes (una de las primeras ciudades del mundo en metros de espacio verde por habitante), criterios ecológicos en cuanto a las políticas industriales, sistemas avanzados de clasificación, recolección y reciclaje de residuos domiciliarios, etc. Recorrerla no hizo más que corroborar que se trata de una ciudad de esas características, y que todo ese carácter se evidencia en una aparente paz en la que flota esta ciudad… de alguna manera Curitiba transmite mucha paz.
Pero el tiempo nos corría, y demasiado no íbamos a poder ver. El Museo Oscar Niemeyer (ese que quedaba enfrente a la casa de Teresa y Marcelo) sería seguramente la última obra de Oscar que veríamos en nuestro recorrido, además de ser una de las últimas que construyó. Por ende tenía para nosotros un sabor muy especial, y así es que fue nuestro primer destino en la ciudad… y en realidad, dados los tiempos fue casi el único… pero había que pasar por allí y vivir este edificio.
Habíamos visto mucho Niemeyer ya… habíamos visto obras viejas, obras nuevas, habíamos visto ciudades enteras… y hasta lo habíamos visto a él en persona… pero… pero… Niemeyer es capaz de sorprenderte una y mil veces, y en Curitiba nos volvimos a sorprender.

El Turko sostiene “el ojo”de Niemeyer.

Acá estamos todos con ‘el Ojo” de fondo.

Luego de esa visita nos quedaba medio día más en la ciudad, y Proyecto Brasilia se dispersó en pequeños grupos: algunos hicieron un pequeño tour turístico municipal, otros se fueron a descansar y a charlar con Teresa y Marcelo, y otros (entre estos estaba yo) salimos a dar un paseo en Combi por la ciudad. La Combi salió sin rumbo, dispuesta a dejarse llevar y sorprender por Curitiba. Siguiendo la señalización urbana de Curitiba (muy clara por cierto) llegamos hasta el edificio de la Unilivre. La Unilivre es la Universidad Libre de Medio Ambiente, y no sabíamos del todo por qué íbamos a ver ese edificio, pero una vez que estuvimos debajo de la Combi el Luifa nos dice… “Richard Rogers dijo que para él este es el mejor edificio del mundo”… Por si hiciera falta presentación, Richard Rogers es uno de los arquitectos más prestigiosos del mundo, y fue uno de los últimos ganadores del Premio Pritzker… El Luifa sabía que en Curitiba según Rogers estaba el mejor edificio del mundo y no nos había dicho nada hasta que llegamos a la puerta… y los otros integrantes de Proyecto Brasilia que no habían venido hasta aquí se lo iban a perder… Lo miramos al Luifa… nos reímos… intentamos preguntarle como había omitido comentar semejante dato, pero no hubo caso: remató contando que en una revista especializada se habían publicado los mejores veinte edificios de Brasil y que allí también figuraba la sede de Unilivre… La situación empeoraba ante cada pregunta, y entonces decidimos no preguntar más nada, entrar y disfrutar. Realmente valía la pena ver este predio, no estamos convencidos como Richard Rogers de que se trate del mejor edificio del mundo porque todavía nos queda mucho por conocer, pero seguro que está entre los buenos… y seguro también está entre los mejores que vimos en este viaje.

Este es el ingreso a Unilivre… linda manera de llegar a la facu…

Ahí se ve algo del edificio… está tapado de vegetación.

Acá el edificio desde arriba y el Luifa subiendo la rampa.

De Curitiba salimos bien temprano por la mañana camino a Porto Alegre. Allí nuestra parada sería más breve aún: solo pensábamos visitar la Fundación Íbere Camargo, obra del portugués Álvaro Siza recientemente inaugurada. Viajamos muchas horas bajo lluvia y llegamos a Porto Alegre en medio de una fuerte tormenta. Visitamos la obra, y esperamos un rato en el café de la fundación que la tormenta afloje pero no hubo caso. La tarde gris se oscurecía cada vez más y se nos avecinaba una noche larga y lluviosa. Teníamos muchos kilómetros por delante ya que la idea era viajar hasta entrar a Uruguay por la Barra del Chuy, y eso no era cerca.

El edificio de Siza… una locura de hormigón blanco.

La combi esperando bajo la lluvia

Habíamos viajado casi todo el día y todavía había que seguir viajando un buen rato. Eran nuestras últimas horas en Brasil, llovía mucho y soplaba fuerte un viento frío. Atrás quedaban muchos lugares que habíamos conocido, muchas obras de arquitectura, muchos amigos del camino y muchos recuerdos gratos… atrás quedaban muchos días soleados, días de ojotas y bermudas… atrás quedaban los “botecos” de cerveijas y salgados. Por delante teníamos nada menos que Uruguay, nuestro próximo destino, el próximo país de este Proyecto Brasilia.
Nos acomodamos en nuestros asientos, verificamos que estábamos todos arriba de la Combi, que los termos estaban llenos de agua caliente, pusimos en el reproductor el disco de música brasilera que nos regaló Rafaela antes de salir de Sao Paulo, encendimos el limpiaparabrisa y enfilamos hacia el sur bordeando el océano Atlántico.

Así se viajaba la Combi hacia el sur… mate y fotos…

Proyecto Brasilia en Sao Paulo (2)

En: textos Por: comandantedulce

14 Sep 2008

Nuestra estadía en la ciudad de Sao Paulo superó ampliamente las expectativas con las que habíamos llegado, que de por si no eran pocas. Sao Paulo sorprende (una vez más) por su escala, por su intensidad, por su exhuberancia,…y obviamente, también lo hace con su arquitectura. Durante la charla que habíamos tenido con Rodrigo Queiroz en la FAUUSP, él nos contaba que el hecho de la construcción de Brasilia y el consiguiente traslado de la capital del país hacia allí, había significado entre otras cosas que Río de Janeiro comenzara a perder protagonismo y presencia dentro del panorama de la producción cultural brasileña, y por contrapartida que Sao Paulo manera tomara ese lugar. Al recorrer la arquitectura moderna paulista, al visitar obras de Mendes da Rocha, de Lina Bo Bardi o del mismo Villanova Artigas, la relación entre esa idea que no sugirió Rodrigo y la contundencia, la expresividad y la libertad creativa que muestran dichas obras se vuelve por demás de evidente. Esa época sin dudas que marcó esta ciudad, y el legado de obras que dejó se erigió como un ícono que condicionó el rumbo de la arquitectura brasileña. Vale la pena recorrerlas, vale la pena descubrirlas y sorprenderse. Vale la pena disfrutarlas…
Pero las ciudades no solo se conforman con obras de arquitectura, y para que una ciudad pueda disfrutarse plenamente es necesario encontrarse también con gente copada. Por suerte, Proyecto Brasilia fue recibido y conducido en esta Sao Paulo gigante por la arquitecta Rafaela Nakid, nuestra nueva gran amiga. Rafaela no solo ofició de guía arquitectónica y por momentos hasta de interprete nuestra, sino que además de ello nos compartió sus amigos y nos guió por la noche paulista. Arrancamos este post diciendo que nuestra estadía en Sao Paulo había superado nuestras expectativas, y en gran medida eso fue gracias a Rafaela y a toda la onda que le puso. Una vez más: Gracias Rafa!!!… gracias por tu onda, por tu hospitalidad y por tus pilas… no hubiera sido lo mismo Sao Paulo para nosotros sin tu compañía.
Nuestra recorrida arquitectónica por Sao Paulo continuó y fue por demás de fructífera. En el post anterior ya habíamos mencionado las obras que habíamos visitado en los días subsiguientes. Acá van un par de fotos.

Este es el Museo Brasileño de Esculturas de Mendes da Rocha

Otra viste del Museo Brasileño de Esculturas.

Una vista diurna del MASP de Lina Bo Bardi.

El Parque Ibirapuera, la huella de Oscar en Sao Paulo.

Con Paulo… otro amigo.
Nuestra estadía en Sao Paulo se extinguía y todavía no habíamos visto toda la arquitectura que pensábamos visitar. Si de algo nos habíamos dado cuenta en lo llevábamos del viaje era que hacía falta tiempo para conocer la arquitectura de una ciudad… bastante tiempo… al menos bastante más del que nosotros teníamos planeado. En cada ciudad que visitamos nos esforzamos bastante por cumplir con nuestro itinerario, pero a la hora de partir casi siempre nos quedaron cosas por ver, casi siempre nos quedamos con ganas de ver más. Entonces, en una pequeña reflexión grupal que tuvo lugar alguna ruta a bordo de nuestra combi concluimos que a nuestro itinerario o bien le sobraban ciudades o le faltaba tiempo, era un itinerario demasiado pretencioso. Pero era parte de la programación de este Proyecto Brasilia y entonces, también nos dijimos, lo mejor era esforzarnos por cumplirlo dentro de nuestras posibilidades, y así seguir. Así es que seguimos… así es que vamos, y si bien nos quedamos casi siempre con ganas de más, tampoco es que vayamos tan mal… vamos… a fondo pero vamos… y eso nos hace sentir bien.
En ese “ir” de este Proyecto Brasilia estábamos, cuando uno de sus integrantes (tal vez en un rapto lunático) dijo que antes de partir de Sao Paulo debíamos intentar verlo a Paulo Mendes da Rocha. Mendes da Rocha, arquitecto paulista, es uno de los pocos latinoamericanos que ganaron el premio Pritzker (junto con Oscar Niemeyer y con el mexicano Luis Barragán). Para los que no lo sepan, el premio Pritzker es algo así como un Premio Novel pero de arquitectura. Por ende, Paulo es una de las eminencias de nuestro continente en cuanto a arquitectura se refiere. Peor más allá de estos títulos que no siempre reflejan lo que uno siente cuando camina una obra, habíamos visitado varios edificios de Mendes da Rocha y estábamos realmente sorprendidos: la obra de Paulo no solo deslumbra por su manejo de los materiales, de las formas y su inserción dentro de la ciudad, sino que además de ello sus edificios, más allá de la función para la que fuesen diseñados, gozan de una apropiación intensa por parte de la población, y que sus espacios exteriores se transformaban en espacios públicos intensos, llenos de vida.
Sea como fuere, llegar a Paulo no iba a ser una tarea sencilla, y a la vez sería un broche de oro para cerrar nuestra estadía en Sao Paulo. En realidad todavía yo no sé exactamente como fue que llegamos e su estudio: probablemente haya influido nuestro encuentro con Solano Benítez, habíamos tirado también algunas líneas por intermedio de Rodrigo Queiroz de la Universidad de Sao Paulo, otras tantas a través del arquitecto Andrei de la Universidad de Brasilia, y también habíamos conseguido el teléfono de su estudio y habíamos insistido con llamados para concertar un encuentro… Todavía no sé como fue que llegamos hasta ahí, pero el lunes, por la mañana, durante nuestras últimas horas en la ciudad, los siete Proyecto Brasilia más nuestra amiga Rafaela estábamos ahí, en el estudio de Paulo Mendes da Rocha… sentados con él hablando de arquitectura… de Latinoamérica… de nuestra identidad… y sobre todo de su obra. Un grande Paulo… verdaderamente un grande… y por si nosotros hubiera sido nos hubiéramos quedado hablando con él horas y horas… realmente no daban ganas de irse, no daban ganas de que esa charla se termine… y no queremos agrandarnos demasiado, pero nos quedó la sensación de que si por él hubiera sido también se hubiera quedado hablando con nosotros un tiempo más… Pero los compromisos pusieron límites, y su secretaria nos interrumpió diciendo que ya era la hora de la próxima reunión.

Mendes Da Rocha en su estudio hablando y gesticulando.

Proyecto Brasilia escuchando al Maestro.

Te acordás Paulo de aquella vez?… le dijo el Luifa entre risas.

Paulo nos despidió del mismo modo que nos recibió: estaba solo en su estudio repleto de maquetas y de planos gigantes de papel vegetal… solo… mirando a la ciudad de Sao Paulo a través de un gran ventanal corrido… fumando un cigarrillo… y con su premio Pritzker guardado quien sabe donde, pero lejos de la vista de la gente que recibe… Un grande Paulo… un arquitecto grande… uno más de los que esta América Latina acuñó… y uno más de los que tuvimos el enorme privilegio de conocer.
Nos fuimos de su estudio del centro de la ciudad de Sao Paulo, y esta vez no teníamos a la playa de Copacabana en frente, ni había puestos de caipirinhas…. Esta vez teníamos cerca una estación de subte abarrotada de gente, y teníamos nuestro equipo de mate con agua caliente… Motivos no nos faltaban… la bebida tampoco… brindamos entonces una vez más por esta vida… esta vez con mate… y en el metro de Sao Paulo…

 

Acerca de este blog...

Proyecto Brasilia es, sobre todo, un viaje. Un viaje de diez mil kilómetros que hicieron siete arquitectos. Un viaje por América Latina, sus ciudades, su arquitectura. Un viaje que aún no ha terminado.

Nos acompañan: