PEGAMOS LA VUELTA

En: textos Por: comandantedulce

16 Oct 2008

Últimos destinos de este Proyecto Brasilia: últimas estaciones, últimos desayunos. Últimas entrevistas y últimas obras por visitar. Sabían a despedida estos últimos días: toda esta historia que en un principio se nos presentó como un camino largo y cuesta arriba, ahora se nos escurría entre los dedos, y las horas se nos iban sin que podamos retenerlas.

Transcurridos casi cuarenta días de viaje, nuestra euforia inicial había declinado y nuestra energía ya no era la misma del principio. Habiendo visto tantas obras y tantas ciudades, uno empezaba a acostumbrarse al impacto y a la sorpresa de lo nuevo que día a día tenía delante de sus sentidos. Probablemente esta cuestión también haya influido en el hecho de que ahora las horas nos pasaran más velozmente: ya no éramos nosotros los que corríamos tras ellas como al principio. Sensaciones, imágenes y aromas que nos dejaban estos días viajeros, y que con el correr de los mismos iban transformando nuestras miradas.

Una parada rutera para estirar las piernas.

De Montevideo, la Combi viajó hasta Colonia del Sacramento, la más portuguesa de las ciudades del territorio dominado por los españoles en épocas (justamente) de la colonia. Otro rastro indeleble que la historia de nuestro continente nos dejó en el camino. Así como Brasil nos mostró a Ouro Preto en Minas Gerais, o a Paraty en el estado de Río de Janeiro, Uruguay también atesora en su territorio una ciudad colonial, sobre la costa del Río de la Plata y justo frente al puerto de Buenos Aires. Cuantas señales y cuantos significados. Colonia del Sacramento despierta así una serie de interrogantes sobre su origen, su formación, y sobre la conformación de nuestra región. Colonia, también despierta emociones, ensueños, y a su vez deslumbra con sus callejuelas adoquinadas, con sus atardeceres anaranjados sobre el Río de La Plata y con esas construcciones mágicas que realmente logran transportarlo a uno, a otra dimensión.

Noches mágicas en Colonia del Sacramento.

En Colonia, Proyecto Brasilia pasó sus últimos dos días en el Uruguay, y así quedaba atrás un país más. La Combi seguía atravesando fronteras más firme que nunca, aunque esta vez no lo hacía por tierra sino por agua: volvíamos a nuestro país atravesando el Río de La Plata, embarcados en un ferry (Combi y todo lo demás incluido). Atrás iba quedando la costa uruguaya y el puerto de Colonia del Sacramento. Por delante el anchísimo río de la Plata parecía un océano, y de a poco comenzaban a asomar en el horizonte los destellos resplandecientes de Buenos Aires. Eran cerca de las diez de la noche y ya casi estábamos de nuevo en nuestro país. La vuelta de Proyecto Brasilia comenzaba a cerrarse, la adrenalina por el retorno se hacía cada vez más presente.

Nunca habíamos llegado nosotros a Buenos Aires por el río de La Plata. Hacerlo por esta vía y de noche fue una experiencia por demás de intensa: muy diferente a lo que significa hacerlo por tierra, por sus accesos y por sus autopistas. Llegar a Buenos Aires por el puerto implica de alguna manera apuntar geográficamente directo al corazón administrativo y económico de la ciudad: apuntar de lleno al sector de torres corporativas, a sus rascacielos, a Puerto Madero, digamos que a los terrenos más caros de la ciudad (y del país?). Allí se amontonan y aglutinan torres y edificios que empujan por encontrar y encuadrar vistas sorprendentes hacia el río… y de repente nosotros nos encontrábamos justo ahí, en ese mismo foco, pero del otro lado: en un embarcación que comparada con esas moles parecía diminuta, pero desde donde podíamos verlas nosotros a todas ellas juntas… paradójico quizás, o desproporcionado… pero imponente… seguro que imponente.

Así nos recibía Buenos Aires llegando por el Río de la Plata.

Bajamos del ferry ya montados en nuestra Combi, conmovidos todavía por el espectáculo que acabábamos de ver, por esa imagen de metrópolis contemporánea/atemporal/globalizada/porteña/imponente, todo ello al mismo tiempo, y antes que terminemos de caer y de acomodarnos, la Combi ya circulaba por la avenida 9 e Julio… otra vez la Combi en medio de la inmensidad, otra vez la contemplación silenciosa de un espectáculo sobredimensionado. Era una vez más la escala inconmensurable, la de Buenos Aires… Sabrán ellos la avenida que tienen?… nos preguntábamos en la Combi… Sabrán ellos la ciudad en la que viven?… Habíamos recorrido y atravesado algo más de veinticinco ciudades en nuestro viaje, habíamos caminado desde pequeños e ignotos poblados, hasta ciudades de veinte millones de habitantes, y ahora a escasos trescientos kilómetros de Rosario nos veníamos a dar cuenta de lo que tan cerca teníamos y, quien sabe, nunca habíamos dimensionado. Probablemente y después del entrenamiento del viaje, llegábamos esta vez a Buenos Aires con un a mirada más atenta, más precisa y más intencionada. Probablemente después de los nueve mil y pico de kilómetros recorridos teníamos más y mejores herramientas para dimensionar a Buenos Aires. Pero lo concreto es que estábamos sorprendidos, y que sentíamos que esas avenidas, esos edificios. esos rascacielos, poco tenían que envidiarle a las grandes ciudades por las que habíamos pasado.

La Combi nos regaló un espontáneo “city-tour” porteño, azaroso, casi por error. Una pasada nocturna y fugaz por el Obelisco, la Casa Rosada, el Cabildo, la 9 de Julio y la Av. Corrientes. Finalmente fuimos hacia el barrio de San Telmo, donde nos esperaba un hostel y una reserva para siete.

El 18 de septiembre por la mañana, los integrantes de Proyecto Brasilia compartimos el último desayuno del viaje, y realizamos por última vez el ritual que por cuarenta días nos había convocado casi todas las mañanas: debatimos mapa en mano la obra a visitar, trazamos la ruta para llegar a ella, cargamos con agua caliente los dos termos correspondientes, verificamos que haya yerba suficiente, subimos el equipaje, subimos nosotros uno a uno al vehículo, encendimos la música y arrancamos despidiéndonos de un hostel más… en este caso el último.

La obra a visitar era la iglesia Nuestra Señora de Fátima, ubicada en Martínez, provincia de Buenos Aires. Una obra del arquitecto Claudio Caveri, que según algunos críticos de arquitectura, puede ser entendida como uno de los intentos por plasmar conceptos de una “arquitectura argentina”. Quizás esta afirmación sea un tanto pretenciosa, o exagerada, pero la clasificación la convertía en un objetivo valioso dentro de la búsqueda de Proyecto Brasilia. Y entonces hacia ella fuimos.

Últimas miradas de Proyecto Brasilia: la iglesia Nuestra Señora de Fátima.

Fue la última parada de nuestro viaje. La última recorrida a una obra de arquitectura, nuestras últimas miradas, las últimas fotografías… Nos juntamos los siete por última vez para hacer la foto de rigor: Martín como siempre nos ubicó, dispuso el trípode, la cámara, disparó el automático y corrió hasta nosotros para entrar en cuadro por última vez…

La última foto de los siete… caras cansadas, no?…

Sabíamos que el círculo ya casi se cerraba. Sabíamos que esa foto no era una foto más sino que era la última de los siete en una obra de arquitectura. Y seguro que tras el silencio que cubría ese momento, cada uno de nosotros repasaba por dentro suyo todas las otras tantas fotos que los siete juntos nos habíamos sacado en cada obra que habíamos visitado.

Subimos una vez más a la Combi y nos acomodamos para enfrentar los últimos trescientos kilómetros de nuestro viaje, los que nos separaban de nuestra ciudad. Allá en Rosario, en el mismo lugar desde donde habíamos partido hacía ya cuarenta días, nos esperaba un puñado ruidoso de seres queridos, con algunas botellas de champagne y con copas para brindar. Habíamos pegado la vuelta…

La postal de la llegada: la Combi y los amigos de Proyecto Brasilia.

Unos días antes de arrancar este viaje, se había arrimado hasta nosotros Andrea, una vecina de A2d, y nos había traído un regalo para el viaje: una simpática brujita montada en una escoba a la que se le veía parte del trasero, elaborada por ella con sus propias manos. Andrea nos dijo que la colguemos en la Combi que nos iba a traer suerte, ya que las brujas a las que se les ve el trasero traen suerte. Esa brujita nos acompaño todo el viaje colgada del espejo retrovisor de la Combi… y saben qué?… sí, funcionó… La Combi viajó por cuarenta días, atravesando más de 25 ciudades, recorriendo casi diez mil kilómetros, con más de mil kilos de carga encima… y no solo que no pinchó ni una goma y que se la bancó sin quejarse, sino que además volvió más entera de lo que salió. Gracias Andrea por tu regalo, nos dio suerte cuando la necesitamos y ahora ya es parte de la Combi.

Y gracias a todos ustedes, los que estuvieron ahí apoyando y haciendo el aguante… los sentimos con nosotros en todo el viaje. Nos vemos, che.

 

One Response to “PEGAMOS LA VUELTA”

  1. 1
    Cucu Says:

    Que indea espelucnante! Me parece una aventura exelente!!! me inspiraron para hacer con un grup de amigos algo similar con respecto al rodado!
    saludos desde Buenos aires!
    Cucu

Leave a Reply

Acerca de este blog...

Proyecto Brasilia es, sobre todo, un viaje. Un viaje de diez mil kilómetros que hicieron siete arquitectos. Un viaje por América Latina, sus ciudades, su arquitectura. Un viaje que aún no ha terminado.

Nos acompañan: