Proyecto Brasilia y la máquina del tiempo

En: textos Por: comandantedulce

30 Aug 2008

Proyecto Brasilia sigue viajando por las rutas de Brasil y los paisajes se siguen transformando. En estos momentos la combi va surcando rutas del Estado de Río de Janeiro, y a nuestro alrededor todo es verde y sinuoso: ya estamos atravesando los morros de la mata atlántica, y en horas más entraremos a la ciudad de Río de Janeiro. Ese será otro de los puntos altos de nuestro recorrido. Hoy temprano por la mañana abandonamos la ciudad de Cataguases, una pequeña localidad del estado de Minas Gerais en la que pasamos todo el día de ayer. Cataguases tiene hoy unos 70.000 habitantes, y apareció ante nosotros como una ciudad agradable, ordenada y tranquila. Pero lo particular de esta ciudad para Proyecto Brasilia no era su actualidad sino lo que había ocurrido en ella en los años 40 y 50. Por aquellas décadas, en algunos rincones de Brasil se gestaba el germen de lo que más tarde sería conocido en todo el mundo como la “arquitectura moderna brasilera”. Cataguases no solo fue uno de esos rincones, sino que además fue uno de los primeros y de los más fructíferos. Por eso, al recorrer sus calles uno se sorprende al toparse con ignotas pero sorprendentes obras que anticipan todo lo que Brasil produciría en los años de esplendor de su modernismo. Y al interiorizarse un poco más uno descubre que esas obras son nada menos que los primeros pasos de los por entonces jóvenes Oscar Niemeyer, Lucio Costa, Francisco Bolonha, de los hermanos Roberto, Edgar Guimaraes, etc.


Tuvimos la suerte de llegar a este lugar sabiendo que nos esperaban María do Carmen y don Silva Costa, dos personajes por demás de pintorescos, y por demás de amables, nacidos en Cataguases. Silva es artista plástico, y pinta paisajes de su ciudad; María do Carmo estuvo casada muchos años con un arquitecto que se formó y que trabajó también en Cataguases. Juntos (hoy son marido y mujer) nos esperaban en la Plaza de los Estudiantes ubicada en el centro de la ciudad, nos reconocieron ellos por la Combi y de inmediato arrancamos un recorrido arquitectónico por las joyas modernas de Cataguases. Realmente una sorpresa, realmente inesperado, por demás recomendable Cataguases para quienes se interesen por la arquitectura moderna, y sobre todo por ese modernismo brasilero que tan bien combina el racionalismo que imperaba por esos días con la alegría y la fiesta de este pueblo.

Un día antes habíamos estado como doscientos años antes. Un día antes habíamos estado en la ciudad de Ouro Preto, y estar en Ouro Preto es entrar en otra dimensión. La pequeña Ouro Preto es un pedazo grande de la historia de Brasil, y en sus callejuelas es posible leer un pasado rico en recursos naturales, un pasado oscuro de saqueos, esclavitud y de explotación extranjera, y un futuro que no fue.


Ouro Preto es una ciudad mágica, congelada hace más de doscientos años, que conserva intactos toda la arquitectura y el urbanismo de las ciudades del barroco-americano. Una pieza arqueológica que supo perdurar y resistir a los embates del tiempo, y que hoy nos permite sumar una pieza más para seguir intentando armar este complejo y colorido rompecabezas sobre la búsqueda de nuestra identidad.


En Ouro Preto tuvimos la suerte de alojarnos en el Hostel de Washington de Oliveira, que es ni más ni menos que el hermano de Wellington, el Luca Prodan Brasilero que nos hospedó en Belo Horizonte. Washington no llega a ser Luca Prodan, pero anda cerca. Y desde su hostel salimos hacia caminatas interminables que nos perdieron por callejuelas angostas, de empedrados desparejos, que nos llevaban por casas, bares, negocios, iglesias y plazas, y en donde todos databan del siglo XVIII. Terminamos el día agotados de tantas subidas y bajadas, y nos despejamos, caipirinhas de por medio, en los pintorescos bares de las callejuelas de esta ciudad fascinante.

Veníamos de una ciudad adolescente como Brasilia de apenas cincuenta años de edad, habíamos pasado por una madura Belo Horizonte con más de ciento diez años de historia, para luego aterrizar sin puntos medios en la anciana Ouro Preto y sus iglesias de mediados del 1700, y así finalmente llegar hasta Cataguases y caminar sus obras de la década del cuarenta. La Combi de Proyecto Brasilia se está tornando una máquina del tiempo. América Latina nos está paseando por el tiempo, y por sus tiempos. Muchos tiempos en este Proyecto: los de la Combi, los de cada uno de nosotros, y los de cada una de las ciudades que visitamos. Muchos tiempos juntos, dibujando en el mapa de nuestro continente, el itinerario de Proyecto Brasilia.

One Response to “Proyecto Brasilia y la máquina del tiempo”

  1. 1
    Phede Says:

    Me estoy actualizando con sus crónicas.
    Todo fascinante! Abrazos..

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Acerca de este blog...

Proyecto Brasilia es, sobre todo, un viaje. Un viaje de diez mil kilómetros que hicieron siete arquitectos. Un viaje por América Latina, sus ciudades, su arquitectura. Un viaje que aún no ha terminado.

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