En: textos Por: comandantedulce
27 Aug 2008Setecientos treinta y siete kilómetros decía el archivo “itinerario.xls” en nuestra compu… eran los que nos separaban de Belo Horizonte. Estábamos en las afueras de Brasilia, en la puerta del hostel, eran las seis de la mañana y todavía nos quedaban algunas cosas por subir a la combi. Esa distancia nos indicaba que al menos íbamos a viajar catorce horas y media si no parábamos demasiado. Otro día largo arriba de la Combi, otro día completo de viaje por rutas brasileras… A armarse de mate, de música, de paciencia… y de pilas… sobre todo de pilas…
Llegamos a Belo Horizonte pasada la medianoche. Teníamos reserva en el hostel “O sorriso do lagarto” de nuestro amigo Wellington de Oliveira quien nos esperaba sentado en su balcón, envuelto en una bata blanca y en ojotas. Wellington es brasilero, pero se casó con una argentina y habla un español callejero muy particular: es una especie de Luca Prodan brasilero que nos recibió verborrágico con expresiones como “che”, “boludo”, “me entendiste”.. Pero el cansancio nuestro pudo más que lo pintoresco del recibimiento y nos fuimos directo a descansar: cuando se viaja un día entero arriba de la combi uno no hace nada pero se cansa como si hubiera hecho de todo… es así. Al día siguiente nos esperaba una larga recorrida y había que estar en condiciones.
El domingo entonces, nos levantamos bien temprano, cargamos los termos, los mates, las cámaras y arrancamos hacia Pampulha. Pampulha es un barrio residencial de Belo Horizonte ubicado en el norte de la ciudad, que cuenta con un parque y un lago artificial generado por una represa. En los años 40, Juscelino Kubitschek (en ese entonces intendente de la ciudad) decidió contratar al por entonces joven Oscar Niemeyer para construir en torno al lago un complejo arquitectónico: una iglesia, un casino, un club náutico y una casa de baile. Fue la primera oportunidad de Oscar de experimentar y mostrar sus curvas modernas. Fue también el puntapié inicial de Juscelino, quien más tarde sería presidente y elevaría la escala del experimento hasta construir (también junto con Oscar) nada menos que Brasilia.

Pampulha resultó entonces una experiencia muy agradable: un parque verde, con un gran lago, con muchos árboles, con senderos para pasear, con mucha gente caminando, corriendo, andando en bicicleta, descansando sobre el pasto, con “carritos” para sentarse y tomar una cerveza… y además de todo esto, con hermosos edificios modernos proyectados por Oscar Niemeyer que sorprendían por su originalidad y por su sensualidad: obras maestras que anticipaban lo que vendría años más tarde con la construcción de Brasilia.
Pero acá, en Pampulha el paisaje era diferente, casi opuesto al de Brasilia podríamos decir: en este caso los edificios estaban puestos en otro contexto, dentro de un parque de una ciudad más cercana a nuestros modos de vida, a nuestras costumbres de uso del espacio público. Anochecimos en Pampulha y la Casa de Baile se encendió sobre el lago y dominó el paisaje, los miradores nos regalaban vistas fotogénicas de la Iglesia San Francisco de Assis, del Yacht clube y del edificio del Casino, hoy convertido en Museo de Arte Contemporáneo… y a todo esto los habitantes de Belo Horizonte seguían paseando, recorriendo, descansando y disfrutando de su parque… seguían viviendo su ciudad.

Para el día lunes nuestra agenda indicaba “visita a la Universidad Federal de Minas Gerais”: allí nos esperaban el Arquitecto José Eustaquio Machado de Paiva, junto con las arquitectas Celina Borges y Angela García. Una vez más la hospitalidad y las ganas de contarnos su ciudad fue el tono del encuentro, y para la ocasión Celina (quien es docente de Historia de la Arquitectura en esa universidad) nos preparó un “palestra” sobre Belo Horizonte, su historia y su formación. Resulta muy interesante conocer estas historias y encontrar tantas similitudes con la de nuestras ciudades: los modos de producción determinando los crecimientos urbanos y las morfologías, la influencia de las corrientes extranjeras, la explotación de las riquezas, etc., etc. Y luego de allí, a recorrer la ciudad junto con Angela García y un grupo de estudiantes que oficiaron de guías para nosotros y nuestra Combi. La recorrida terminó en la parte más alta de la ciudad, en la Sierra de Mangabeiras, en el mirador de la plaza del Papa, desde donde se puede ver casi toda la ciudad. Eran ya las siete de la tarde, el sol desaparecía y Belo Horizonte se encendía de múltiples colores. Allí hicimos las últimas fotos de esta ciudad, una ciudad en la que pasamos apenas dos días y nos sentimos realmente muy cómodos; una ciudad de la que antes de llegar no teníamos demasiada información, y hoy que nos vamos, sus calles, sus avenidas y sus edificios, nos resultan familiares. Mañana vamos a visitar Ouro Preto, y vamos a entrar en contacto con una realidad diferente. Brasilia, Belo Horizonte, Ouro Preto… Proyecto Brasilia viaja por el tiempo.
Proyecto Brasilia es, sobre todo, un viaje. Un viaje de diez mil kilómetros que hicieron siete arquitectos. Un viaje por América Latina, sus ciudades, su arquitectura. Un viaje que aún no ha terminado.
August 28th, 2008 at 18:44
ESTAN HERMOSOS!!!
August 29th, 2008 at 15:48
Fa, que bueno! Luifa, en estos días una pregunta me dio vuelta por mi cabeza. ¿Anduviste en patas por brasilia o te tuviste que comprar habainas porque ficaba muito quente (si esto último es así, se puede decir que brasilia te aburguesó? A propósito, querido Santo ¿Todavía seguís con tus habaianas marrones que te compraste hace 15 años en oferta la primera vez que fuiste a Brasil o aprovechaste esta oportunidad para cambiarlas por unas nuevas? Disculpen la banalidad, pero son las cosas que a mi me preocupan. Acá estoy escuchando Os Mutantes pela Radio Universidade. Cuando entren a Sao Paulo no pueden no poner este disco en el pasacasete de la combi y escuchar a Rita cantar “vivimos en la ciudad más grande, de sudamerica, de sudamercia…” Bueno, podría hacer otras recomendaciones musicales, que seguramente no tendrán en cuenta, como “Oh qui beleza, a natureza eu vi chegar” un hit del Bahiano que seguramente rota mucho por Belo Horizonte, pero no lo voy a hacer. Bueno, mucha envidia desde acá, Luifa esa cara en la foto vale mas que mil palabras, maluco beleza!