En: textos Por: comandantedulce
21 Aug 2008Llegamos… llegamos a Brasilia… costó pero llegamos… Costó 48 horas de combi (pobre bichito), costó un par de pernoctadas a bordo del vehículo mientras rodaba las rutas del Brasil, costó litros y litros de mate, costó algún que otro dolor de cuello, y costó todavía un poco más… Pero llegamos. Llegamos el día lunes 18 en horas del mediodía y el recibimiento que nos brindó la ciudad de Brasilia fue verdaderamente un shock… Todavía no salimos de él, todavía no logramos descifrarlo
Difícil de explicar Brasilia… difícil de entender… sin dudas un hecho complejo, atípico, no me atrevo a decir único, pero seguramente una de las ciudades más particulares. Nosotros veníamos de Rosario, y habíamos parado en Santo Tomé, en Posadas, en San Ignacio Mini, en San Ignacio Guazu, en Asunción, en Luque, y en algunos otros poblados más, con diferentes formas, edades e historias… y la verdad que hasta ahora nos habíamos ubicado y manejado con solvencia… pero en Brasilia nos esperaba otra historia.
Pero volvamos al lunes en horas del mediodía: imaginen ustedes a siete individuos viajando 48 horas arriba de una combi sin parar más allá de las recargas de combustible y de agua caliente, con las piernas algo adormecidas, con los aparatos digestivos revolucionados por el exceso de mate, con los peinados raros y nuevos y feos… imagínenlos llegando por fin a Brasilia, y entonces poniéndole ganas y buena cara a pesar de todo eso… Y entonces lamagia que asomó y se hizo visible, y aparecieron ellos, los ejes, las alas, los ministerios, el congreso, los palacios… la magia de Niemeyer al alcance de la mano, y de la cámara de fotos personal de cada uno… la utopía de Lucio Costa al alcance de la Combi. Verdaderamente nos sentimos deslumbrados. Al final estábamos ahí.
Pero bueno, no fue todo tan fácil como parecía en un principio que iba a ser, porque moverse en Brasilia resultó no ser lo mismo que hacerlo en cualquiera de las ciudades que habíamos conocido, y mucho menos hacerlo en el estado en el que nosotros nos encontrábamos: acá no había esquinas en las que doblar, ni manzanas ni cuadras que contar, ni kioscos en los que parar a preguntar… y entonces el Eje Monumental estaba ahí nomás, lo veíamos, casi que lo teníamos, pero cada rulo que tomábamos nos dejaba del otro lado, o por debajo de él… y entonces a intentar de nuevo… y tantos carriles, y tantos autos… Sumado a todo esto, hay que saber que el clima de Brasilia presenta dos etapas bastante diferenciadas, que son la seca (otoño e invierno) en la que no llueve nunca y durante el día hace bastante calor, y la época la de lluvias (primavera y verano) en la que llueve mucho. Obviamente que llegamos en la seca, y acá la seca es verdaderamente seca, y en horas del mediodía el sol se pone bravo. Decidimos estacionar el vehículo y caminar un poco, ya que supusimos sería más relajado, pero estacionar en Brasilia en la zona de Eje en un día de semana es una tarea crispante, imposible, y entonces los muchachos ya empezaron a perder un poco esa buena onda, y esas ganas de llegar a Brasilia. Cuando finalmente dejamos el vehículo y emprendimos la caminata, nos encontramos con que en no todos lados hay veredas, entonces… repasando: estábamos sin dormir, sin comer, hacía mucho calor, no podíamos estacionar, cuando estacionamos no podíamos cruzar, y cuando cruzamos no había vereda… entonces nos dijimos: mejor vayamos a alojarnos a un hostels, descansemos un poco, nos damos una ducha, comemos algo y volvemos más relajados… y fuimos as eso.
Para terminar de redondear esta idea inicial con la que fuimos recibidos, en Brasilia no andaban los celulares, ni los cajeros automáticos, ni la conexión a Internet del hostel… una modernidad extraña…
De todos modos, nos instalamos y repusimos las pilas, las ganas, e insistimos y volvimos al Eje Monumental. No podíamos vencernos así de fácil. Eran las seis y media de la tarde y el sol ya casi desaparecía. Era la hora en que el alumbrado público empieza a hacerse visible sobre las calles y sobre los edificios… era la hora en que la gente que trabaja en el eje (los edificios administrativos) termina su jornada y emprende el regreso hacia la zona residencial en sus vehículos (miles y miles) convirtiendo esas calzadas de carriles infinitos en pinturas contemporáneas… El calor ya aflojaba y los edificios de Niemeyer (todos excelentemente iluminados) aparecían ahora como objetos plásticos fabulosos, futuristas, perfectos, sobre explanadas infinitas… era una hora mágica para contemplar Brasilia…
La historia había cambiado, o nosotros habíamos cambiado. Caminamos y caminamos apreciando en silencio, tomando fotografías, reconociendo los palacios… de a poco el tránsito fue aflojando y la noche se volvió más fresca. Estábamos nuevamente deslumbrados, a esa hora Brasilia aparenta estar en otra dimensión. Nos subimos a la Combi y recorrimos el eje de punta a punta. Llegamos hasta el edificio del Congreso y los Palacios de Justicia y Planalto… vimos el lago Paranoá, pegamos la vuelta y volvimos ahora recorriendo el eje hacia este. Ya no quedaban pilas en nuestros cuerpos… estábamos satisfechos, y había que ir a dormir… algo confundidos en realidad… cual sería la verdadera Brasilia?

Las dificultades para conseguir acceso a Internet hicieron que se dilatara la aparición de este relato que corresponde apenas al primer día de nuestra estadía en Brasilia, y que refleja solo nuestro primer contacto. Por suerte, aún hoy estamos en esta ciudad y nos quedaremos aquí hasta el día sábado por la mañana, cuando partiremos hacia Belo Horizonte. Brasilia nos siguió desconcertando, nos siguió sorprendiendo y nos siguió superando día tras día, y todavía no terminamos de descifrarla. Tenemos más historias y más sensaciones para compartir con ustedes de esta ciudad, pero no queremos agobiarlos más. Queda el compromiso para continuar mañana, si es que continuamos con conexión en esta modernidad desconcertante. Muchas gracias a todos los que nos envían mensajes… nos cargan aún más las pilas.
Proyecto Brasilia es, sobre todo, un viaje. Un viaje de diez mil kilómetros que hicieron siete arquitectos. Un viaje por América Latina, sus ciudades, su arquitectura. Un viaje que aún no ha terminado.
August 21st, 2008 at 11:20
Una llegada muy real después de tantas expectativas. Y las fotos como de revista pero con ustedes…Buenísimo
August 21st, 2008 at 11:50
Desconcertados,sorprendidos o superados por Brasilia, creo que recorrer esas maravillas, sin duda, los cambiará para siempre.
¡¡¡BRAVO!!.Esperamos con ansias la nueva crónica y NO NOS AGOBIAN,NOS ENRIQUECEN EL ALMA
August 21st, 2008 at 12:57
Ya llegamos a Brasilia. Estoy feliz. Esperaba ansiosa tu comentario comandante. Quiero decirles que despierten y disfruten día a día , que piensen que los obstáculos son oportunidades para alcanzar otras metas .
Cada uno de ustedes ayudó al otro a cumplir su sueño y esto es lo mejor que les pudo pasar a los siete.
Siganme sorprendiendo.
Comandante te extrañamos en estos pagos de Alberdi .
Besos a todos .
Sigo viajando con ustedes…
August 21st, 2008 at 14:24
Llegar siempre sorprende… Me imagino, a través del relato, esa ciudad enorme en donde todos van a sus trabajos, apurados, cabeza abajo, sin mirar lo que los rodea… y pienso (y me pregunto):-en Brasilia…¿la alegría es brasilera?.
Otra cosa: leí un comentario, de hace unos días, en donde se hablaba “de una mala elección” de un arquitecto en cuanto a su gusto futbolero… muchachos!!! este proyecto es mucho más importante que el futbol…
Por cierto… y por si no les llegaron noticias… aprovecho a mandarles algunos resultados de la última fecha: River 2
Central 0.
Es solo un chiste.
Saludos y mucha suerte!
August 22nd, 2008 at 12:52
Que bueno che! Da mucho gusto leer las crónicas de su viaje.
Un abrazo enorme.
August 22nd, 2008 at 15:00
La verdad es que estamos todos “endulzados” con la crónica del Comandante Dulce que tan bien nos transmite diferentes momentos y sus climas vividos por aquellas latitudes. Realmente, además de las fotos (muy buenas, por cierto), muchos pasajes nos ilustran nítidas imágenes de los siete en diferentes circunstancias.
Me acuerdo de la recurrente frase que solía escucharles “no sabemos con lo que nos vamos a encontrar…” Cuántas sorpresas, no?
Por acá, estamos todos muy emocionados con como se está desenvolviendo todo y, como ya muchos lo han dicho, vivimos el viaje muy cerca suyo…
Un abrazo grande!
August 22nd, 2008 at 21:39
Santos y al resto de la troupe, felicitaciones, el sueño se cumplió. La pregunta es, ¿que sueño van a perseguir después de este? Pase lo que pase de ahora en más, llegaron a Brasilia loco, en una combi de un cuarto de siglo, con más mate que porrón, ¿quien les quita lo bailado?
Felicidades viejo, cuando recuerden este viaje van a poder recordar esa frase de Joaquín Sabina, “las quimeras imposibles de los otros eran mi rutina”. Y para vos Santi, que sos mi amigo, un abrazo enorme.
April 26th, 2010 at 23:03
Que linda sorpresa esta página…..me salte directamente hasta su llegada a Brasilia por que quería saber cuales fueron sus primeras impresiones…prometo leer el viaje completo.