En: textos Por: comandantedulce
19 Aug 2008Proyecto Brasilia ya cumplió una semana transitando rutas y ciudades de esta parte del mundo en la que nos tocó nacer, y la verdad es que a cada kilómetro que vamos dejando detrás nos convencemos un poco más de que esta condición nuestra de alguna manera nos convierte en privilegiados. Seguramente sea el hecho de viajar lo que nos ubica en una dimensión distinta a la de la cotidianeidad, y desde donde podemos descubrir otros matices de la realidad en la que vivimos, que a diario no valoramos. Pero como sea, esta parte del mundo atesora muchas riquezas, y nosotros en este viaje nos sentimos privilegiados de poder descubrirlas.
Atrás quedó el Paraguay, con sus rutas pintorescas, con sus poblados rurales y con su capital de múltiples caras. Atrás quedaron los amigos paraguayos y sus magníficas obras: da envidia ver tantas ganas y tanta pasión tirando para un mismo lado… y dan envidia también esos fabulosos equipos individuales de tres litros de tereré que todo paraguayo que se precie de tal lleva consigo a toda hora. Por delante tenemos nada menos que Brasilia: una historia diferente se avecina, y seguramente será tan intensa como la que dejamos detrás.
A esta altura llevamos ya recorridos tres mil kilómetros y monedas desde que partimos de Rosario, y nuestra Combi está mucho más entera que nosotros. Es domingo, son las seis y media de la tarde, y si los cálculos no me fallan (en este estado es muy probable que me fallen) llevamos más de 32 horas de viaje desde que salimos de Asunción y todavía nos deben quedar al menos unas 12 horas más para llegar hasta Brasilia, nuestro próxima parada.. Este es el tirón más largo que va a tener nuestro recorrido: un poco por las grandes distancias que separan estas ciudades, y otro poco para ajustarnos al itinerario original del viaje, ya que entre Posadas y Asunción se nos fueron dos días de más y es necesario recuperar tiempo… En definitiva van a ser unas 44 horas ininterrumpidas de viaje arriba de la Combi, que nos depositarán directamente en el “eje monumental” de Brasilia con algún que otro dolor de cuello y de cintura… y eso también es parte de este viaje.

Para que se den una idea un poco más próxima a lo que se siente viajar 44 horas arriba de la Combi de Proyecto Brasilia, voy a intentar retratar lo que sucede ahora a mi alrededor: En este momento estamos viajando por rutas de Brasil, en el estado de Minas Gerais, y es el Turko Pagano quien comanda el volante de nuestra nave; a su lado, el Negro Álvarez hace las veces de copiloto con un GPS en la manos indicando las rutas (que moderna esta gente); el sol desaparece hacia la izquierda de la Combi y por el lado opuesto asoma una luna llena tan imponente que nos obliga a detener el vehículo y bajar a tomar fotografías; seguimos viaje y el Gringo y el Luifa que no habían bajado continúan durmiendo… como pueden, pero duermen; Bob Marley suena por los cuatro parlantes de la Combi y nos endulza el recorrido; Iván K a mi lado lee un libro con artículos sobre Brasilia y al lado de él el Santy continúa disparándole a la luna con su cámara de fotos; sobre nuestra mesa descansan dos mates ya usados; y por ultimo, yo, entre todo esto decidí encender la compu y escribir la próxima entrada de nuestra página… cosas que permite la tecnología de estos días.

Brasilia fue el disparador de este viaje, hace más de dos años… la Combi completó la idea y nos permitió programar todo esto… mañana, en horas del mediodía, la combi estará recorriendo las calles de Brasilia, y nosotros habremos llegado al punto más alto (al menos en términos geográficos) de este viaje.
Proyecto Brasilia es, sobre todo, un viaje. Un viaje de diez mil kilómetros que hicieron siete arquitectos. Un viaje por América Latina, sus ciudades, su arquitectura. Un viaje que aún no ha terminado.